jueves, 15 de marzo de 2012

Eh, qué no perdimos el tiempo. Perdimos las ganas. De vernos. De abrazarnos. Esto es así. El tiempo pasa y pasa y todo se degrada. Como degrada el agua del mar a las rocas. Tú y yo. Más montaña, más sol, más lluvia, más hierba, más y más y más. Contigo quería todo. Hasta perderme. Perderme en ti y en tus confusiones. En tus días de nostalgia. En los de alegría. Contigo quería todo. Éramos tan felices juntos que hasta ahogaba. Me agobiaba el hecho de que fuera tanta la conexión entre nuestros cuerpos. Esa atracción que te deja sin aliento. De la que duele. La que sientes pero no la ves. Pero la sientes tan adentro que hasta crees que se personifica. Esa sensación que no te deja respirar. Que te deja cao a cada paso. Paso que doy contigo y con tu orgullo. No entiendo por qué me sigues. Déjame. No te interpongas. Siempre quieres ser tú, tú y tú. Ombligo. Y tú, tú y tú. Déjame vivir a mí y a mi latido andante. Siempre o casi siempre eres tú. Te interpones, hablas con él. Ya basta. Vete. Igual que la distancia. Eres relativa, amiga. Siempre tú tan elocuente. Hostia, qué le tengo a dos metros de mí y le siento lejos. Ya vale. No. Siempre ahí. Le quiero. Le idealizo y me gusta. Él es perfecto. Me da igual que me crean o no. Yo lo sé. Hay detalles de su ser que me los he inventado yo. Tan sublime. Tan él. Es como respirar, solo que duele un poco más.

No hay comentarios:

Publicar un comentario