Pensarás que estoy loca. Que estoy fuera de mis cabales. Que mi cordura me la dejé en tu cama después de esa noche. Tan especial, tan nuestra. Ese día, esa tarde. Esos minutos, esos segundos. Tú y yo, joder. Nadie más. Solamente nos separaba el aire. Así quiero estar. Contigo, sin corduras, sin reglas. Solo una: quiéreme. Sino siempre, hasta el infinito.
Quiero que estés ahí, a mi vera siempre que puedas. Donde pueda ver tus manos, tus ojos, tus oídos y tu boca. Quiero que seamos libres, pero por estar juntos. Tú a lo tuyo, y yo lo mío. Pero cuando estemos juntos solo seamos uno. Qué tú y yo seamos la combinación perfecta aunque lo idílico no exista. Qué le den a esta sociedad capitalista. Qué coño... ¡qué le den al sistema!
Únicos. Inevitablemente atrayentes. ¿Qué más? ¿Qué dices? ¿Quererte? Mi querer por ti es más grande y infinito que el mismísimo universo. Nunca acaba. Nunca es una palabra, fuerte, grande, inmensa. Da miedo pronunciarla. ¿Y qué? Tú a mis miedos te los puliste con un dedo desde el primer te quiero que me dijiste al oído y despacito. Qué tú serás la persona más importante de mi vida siempre y sí, digo siempre porque contigo, no temo ni siquiera a la muerte.

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