Moví cielo y tierra para encontrarte y ahora, estás delante de mi y no me atrevo a mirarte. Posees la forma de mirar inalcanzable, la fórmula mágica por la que podría matar. El antídoto para la inseguridad y el malestar. Tú, estás ahí, conmigo, siempre. Y yo, que siempre te he creído invencible y flaqueas, ¿ahora flaqueas? quién me lo iba a decir, que tú, precisamente tú ibas a decaer. Eres el indestructible, el hombre que nunca se rinde, el que dice ven y cuando has llegado, se va porque tiene a otra persona esperándole. Él es especial, tal vez el más peculiar que jamás conocerás. No tiene tiempo ni para ti, ni para mí, incluso le falta tiempo para él mismo. Vive pendiente de lo que hace a su manera. Tal vez le hablas pero no te contesta, pero, tranquilo, él siempre dirá que no es él, es su cerebro que está alborotado o que está demasiado ocupado. Es el mismísimo Hércules en sus tiempos mozos, cuando todo era perfecto, su novia era de incalculable belleza y todo lo que tocaba se convertía en piedra. Él, por fuera, es duro como el acero, pero blando por dentro. Es tan dulce como sus ojos mirándome a la luz de la luna, como cuando sonríe y no sabe ni porqué y tan amargo como el chocolate oscuro 99% de cacao. Eso es lo que me gusta de él, y lo que me gustó cuando le conocí: es impredecible, nunca sabes lo que realmente piensa o siente hasta que se toca la cabeza, te acaricia la mejilla o juega con una cremallera. Nunca me he fiado de él realmente, me diréis tonta pero es que sabe como ganar la partida, sabe mis debilidades y sus encantos, y no duda jamás en utilizarlos.
sábado, 3 de diciembre de 2011
Moví cielo y tierra para encontrarte y ahora, estás delante de mi y no me atrevo a mirarte. Posees la forma de mirar inalcanzable, la fórmula mágica por la que podría matar. El antídoto para la inseguridad y el malestar. Tú, estás ahí, conmigo, siempre. Y yo, que siempre te he creído invencible y flaqueas, ¿ahora flaqueas? quién me lo iba a decir, que tú, precisamente tú ibas a decaer. Eres el indestructible, el hombre que nunca se rinde, el que dice ven y cuando has llegado, se va porque tiene a otra persona esperándole. Él es especial, tal vez el más peculiar que jamás conocerás. No tiene tiempo ni para ti, ni para mí, incluso le falta tiempo para él mismo. Vive pendiente de lo que hace a su manera. Tal vez le hablas pero no te contesta, pero, tranquilo, él siempre dirá que no es él, es su cerebro que está alborotado o que está demasiado ocupado. Es el mismísimo Hércules en sus tiempos mozos, cuando todo era perfecto, su novia era de incalculable belleza y todo lo que tocaba se convertía en piedra. Él, por fuera, es duro como el acero, pero blando por dentro. Es tan dulce como sus ojos mirándome a la luz de la luna, como cuando sonríe y no sabe ni porqué y tan amargo como el chocolate oscuro 99% de cacao. Eso es lo que me gusta de él, y lo que me gustó cuando le conocí: es impredecible, nunca sabes lo que realmente piensa o siente hasta que se toca la cabeza, te acaricia la mejilla o juega con una cremallera. Nunca me he fiado de él realmente, me diréis tonta pero es que sabe como ganar la partida, sabe mis debilidades y sus encantos, y no duda jamás en utilizarlos.
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